Forcis y Ceto, dos de los hijos de Ponto y Gea (hijos de Ponto y Gea fueron Nereo, el anciano del mar, padre de las Nereidas, Taumante, padre de Iris y las Harpías, Euribia, casada con el titán Crío. titánes del mar, fundaron una célebre familia de monstruos. Forcis y Ceto, la pareja divina que engendró monstruos como las Gorgonas (Medusa, Esteno, Euríale), monstruos femeninos con serpientes por cabello; las Grayas (Enio, Deino, Pemfredo), tres ancianas que compartían un solo ojo y un diente, Equidna monstruo mitad mujer, mitad serpiente, madre junto a Tifón de los grandes monstruos de la mitología griega, Ladón, el dragón de cien cabezas que custodiaba las manzanas de oro en el jardín de las Hespérides; Escila que devoraba marineros en el estrecho de Messina, Toosa, ninfa marina, madre del cíclope Polifemo y
Las Grayas y las Gorgonas vieron sus mitos entrecruzados gracias a la triste historia de Medusa, la única mortal de las Gorgonas.
Medusa era un ser monstruoso con cabellos de serpiente que convertía en piedra a quienes la miraban a los ojos.
Medusa es un nombre griego que significa “guardiana o protectora”. En general en la mitología era un monstruo ctónico femenino. Los monstruos ctónicos eran divinidades, espíritus o rituales relacionados con el inframundo, el interior de la tierra y la fertilidad, en contraposición a las deidades olímpicas o celestes.
Fue decapitada por Perseo, quien después usó su cabeza como arma hasta que se la dio a la diosa Atenea para que la pusiera en su escudo, la égida.Desde la antigüedad clásica, la imagen de la cabeza de Medusa aparece representada en el artilugio que aleja el mal conocido como Gorgoneion.
Hay versiones de este mito que colocan a Medusa como un monstruo que sedujo a Poseidón y por eso fue castigada y desterrada por Atenea, ya que Medusa era sacerdotisa de su templo y lo mancilló yaciendo con Poseidón, el cual no fue castigado.
Para otra versión era una protectora del templo de Atenea que a manera de provocación sedujo a Poseidón queriendo demostrar que ella tenía mayor importancia, belleza e inteligencia que la propia diosa; ante esta situación Atenea responde indignada por la profanación de su templo y la osadía de Medusa la destierra y la condena a convertir en piedra a todo el que la mire.
Las causas de la decapitación de Medusa pasan por los celos de Atenea al saber que estaba embarazada.
La diosa envía a Perseo para que la decapite al saber que estaba embarazada de Poseidón. No le bastó con quitarle su belleza y convertir sus hermosos cabellos en serpientes y condenarla a la soledad, pues nadie podía mirarla sin ser convertido en piedra.
En otras versiones del mito, Perseo no fue enviado por Atenea sino por el marido de su madre, Policletes
Perseo no era un dios, era un héroe, hijo de dios y mortal. Su madre Danae era la hija del rey de Argos, Acrisio y del mismo Zeus.
Acrisio encerró a su hija Dánae en una torre tras consultar un oráculo que le predijo que su hija daría a luz un niño que algún día mataría a su abuelo. Sin embargo, con lo que no contaba el viejo Acrisio era con la visita del rey de los dioses, Zeus, quien, perdidamente enamorado de la joven Dánae, la dejó embarazada tras convertirse en una lluvia de oro.
Dánae, cuyo nombre significa «sedienta» (Δανάη) era la hija más hermosa de Acrisio, señor de Argos. Su padre, atribulado por la falta de herederos varones, solicitó una entrevista con un oráculo para conocer el futuro de su estirpe. Allí se le informó que el hijo de Dánae lo asesinaría al alcanzar la madurez. Golpeado por la noticia de su futuro infortunio, pero más aún por la certeza de que moriría a manos de su nieto, Acrisio resolvió encarcelar a Dánae para que jamás tenga contacto con hombre alguno. La encerró en lo alto de una torre inaccesible, donde era atendida por doncellas vírgenes y dos o tres eunucos.Dánae creció en cautiverio y se convirtió en una doncella bellísima. Encantado por la belleza virginal de la joven, Zeus decidió poseerla. Descendió de los cielos en alas de la tormenta, y pronto supo que no podría acceder a la torre sin ser detectado. Una corte de doncellas vigilaban día y noche el paso a las habitaciones de Dánae, que pasaba sus días en un perfecto desconocimiento de las intenciones lascivas del dios.
Cierto día, agotado por la espera, Zeus resolvió ingresar en el cuarto de Dánae como una ligera nube dorada.
La joven dormía desnuda. Para no despertar sospechas, Zeus descendió sobre Dánae como una fina lluvia de oro. Nueve meses después de aquel encuentro, Dánae dio a luz a Perseo, el matador de la gorgona Medusa y el rescatador de Andrómeda.
Poco se sabe sobre lo que sucedió entre Dánae y Zeus. El dios siempre fue inconstante en sus amoríos ilícitos, y sus amantes, casi siempre ilegítimas, solían encontrar un final indigno. En este sentido, Robert Graves señala una posibilidad menos divina para la gestación de Perseo, la cual habría sido mitificada para dar cierta legitimidad a su vinculación con Zeus. Según Graves, aquella delgada lluvia de oro no sería otra cosa que el símbolo de un pago en monedas de oro por parte de Preto, rey de Tirinto y tío de Dánae, que semanalmente sobornaba a las doncellas que custodiaban la torre para saciar su lascivia en la virginidad de la muchacha, acaso demasiado aislada como para advertir algo ilícito en los abrazos innobles de su tío.
Zeus, por su parte, jamás inició litigio alguno por esta infamia; tal vez temiendo la ira implacable de la celosa Hera
El enfurecido Acrisio no creyó la fantástica historia que le contó su hija Dánae para justificar su estado, y temeroso de lo que le había profetizado el oráculo, pero, a la vez, incapaz de ordenar la ejecución de su propia hija y su nieto, decidió lanzarlos al mar encerrados en un baúl de madera. La intervención divina de Zeus solicitando a Poseidón que calmara al proceloso Ponto permitió que el baúl con su preciosa carga llegara mansamente hasta las costas de una isla del Egeo llamada Sérifos, gobernada por el rey Polidectes.
Al llegar a la orilla, el baúl fue recogido, según algunas versiones, por Dictis, el hermano destronado de Polidectes, y, según otras, por un pescador con el mismo nombre. El caso es que Dictis acogió a la madre y al hijo, al que cuidó como si fuera suyo. Con el paso de los años, Perseo se convirtió en un hábil guerrero y el rey Polidectes, que se había enamorado de Dánae, le insistía constantemente para que se casara con él.
Ante sus reiteradas negativas, el rey de Sérifos empezó a buscar la manera de deshacerse de Perseo, al que consideraba el obstáculo principal para lograr la mano de la esquiva Dánae. Para ello, el rey de Sérifos celebró un gran banquete en el que cada invitado debía llevar un regalo. Pero no un regalo cualquiera: el rey pidió a los asistentes que, con la excusa de que estaba reuniendo una dote para pedir la mano de Hipodamia, la hija de rey de Pisa, Oinomanos, le regalaran caballos
Así, sin ningún presente que poder ofrecer al rey, Perseo propuso a Polidectes que le pidiera algo a lo que él no se pudiera negar. ¡Por fin!, pensó para sus adentros el soberano. Aquella parecía la oportunidad que había estado esperando para deshacerse del joven. Polidectes lanzó entonces un desafío a Perseo, creyendo que el muchacho no lo podría cumplir: traerle la cabeza de Medusa, la más temible de las tres gorgonas, que con su mirada podía convertir a los hombres en estatuas de piedra. Pero el desafío no terminaba allí; Polidectes puso además otra condición: si Perseo no conseguía traer la cabeza de Medusa, el rey se casaría con su madre.
El reto parecía imposible, pero Perseo no estaba solo: recibió la inestimable ayuda de los dioses. Hades, el dios de los infiernos, le regaló un casco que lo hacía invisible; Hermes, el mensajero de los dioses, le obsequió una hoz muy afilada, propiedad de Zeus, con la que extraer las escamas que protegían el cuello de Medusa, además de sus sandalias aladas, y Atenea le ofreció una espada y un escudo tan pulido que lo podía usar como espejo.Gracias al consejo de Hermes y de Atenea, Perseo se dirigió hacia el oeste en busca de las tres Grayas, unas viejas brujas que compartían un solo diente y un solo ojo. Mientras vigilaban la entrada a la morada de las gorgonas, las tres ancianas se pasaban el ojo y el diente la una a la otra para poder comer mientras la otra vigilaba. Fue entonces cuando Perseo se los arrebató hábilmente. Ante el enfado de las brujas, el héroe prometio devolvérselos a cambio de que le dijeran dónde podía encontrar a las ninfas, unas deidades benefactoras que le podían prestar su ayuda.
Las tres brujas, ciegas, y ante la amenaza de morirse de hambre, cedieron a las pretensiones de Perseo y le indicaron el trayecto hasta las Hespérides, el lugar donde vivían las ninfas. A su llegada, las deidades le entregaron una especie de zurrón llamado kibisis donde poder guardar la cabeza decapitada de Medusa, ya que su mirada, incluso muerta, era igual de letal.
Perfectamente pertrechado, y usando las sandalias voladoras, Perseo se dirigió a los confines de la Tierra, hacia Oriente, donde los griegos creían que se encontraba el reino de los muertos y donde reinaba una oscuridad perpetua. Cuando entró en la cueva donde vivían las gorgonas halló a Medusa dormida. Valiéndose de su escudo para reflejar la imagen del monstruo, y siendo invisible gracias a su casco, se pudo acercar hasta ella y de un certero golpe con su espada logró decapitarla.
De su cuello cercenado de Medusa surgieron dos seres: Pegaso, un caballo alado, y Crisaor, un gigante que blandía una espada de oro. Las hermanas de Medusa, al ver su cuerpo inerte buscaron en vano al culpable de su muerte, Perseo, que aún invisible gracias a su casco mágico había huido montado a lomos de Pegaso.
Durante su viaje de regreso, Perseo sobrevoló las costas de Etiopía, tierra mítica que estaba gobernada por el rey Cefeo y la reina Casiopea, la cual había ofendido seriamente a Poseidón, el dios de los mares, afirmando que su hija Andrómeda era igual de bella que las Nereidas, unas ninfas marinas. Poseidón montó en cólera, inundó la Tierra y envío a una serpiente marina llamada Cetus para devorar a los hombres y a los animales.
Tras consultar a un oráculo, este reveló que la paz no regresaría al reino hasta que Casiopea ordenara encadenar a su hija Andrómeda a una roca para que esta fuera devorada por el monstruo. Ante la amenaza de destrucción del reino, a los afligidos padres no les quedó más remedio que ceder. Los gritos de desesperación de la joven Andrómeda ante la inminencia de su terrible muerte alertaron a Perseo el cual, nada más verla, se enamoró perdidamente de ella
El héroe descendió hasta la playa y se ofreció a salvarla si Cefeo y Casiopea le concedían su mano a cambio. A regañadientes, ya que los monarcas no sabían quién era aquel aventurero, aceptaron, y Perseo se calzó las sandalias aladas, se puso el casco que le otorgaba la invisibilidad y se dirigió con decisión hacia el monstruo.
De hecho, existen varias versiones sobre la manera en que Perseo mató a Cetus. Una de ellas cuenta que el héroe le cortó la cabeza y luego lo petrificó con la cabeza de Medusa. En otras, Perseo petrificó al monstruo reflejando la mirada de la cabeza cercenada de la gorgona en las cristalinas aguas del mar.
El caso es que Perseo rescató a la bella Andrómeda, pero su boda con la hija de Cefeo no fue lo rápida que él había esperado, y es que Casiopea había prometido a su hija al hermano de su marido, Fineo, por lo que Perseo tuvo que batirse en duelo con el inesperado pretendiente y todo su séquito. De nuevo, Perseo hizo uso de la cabeza de Medusa y petrificó a todos sus rivales. De este modo consiguió finalmente casarse con su amada
De regreso a Sérifos junto a Andrómeda, Perseo recibió la noticia de que su madre y Dictis, el hombre que los salvó y que lo crió haciendo de padre, se habían tenido que refugiar en un templo para escapar de los abusos de Polidectes. Indignado y furioso, Perseo salió en busca del malvado Polidectes y lo sorprendió junto a sus amigos celebrando un banquete en su palacio. Polidectes, asombrado de que Perseo aún estuviera con vida, se negó a creer que hubiera podido cumplir tan difícil misión y se burló de él. Entonces Perseo echó mano del zurrón y sacó la cabeza de MedusaCuando la mirada de la terrible gorgona se posó en la de Polidectes y sus invitados, todos se convirtieron de inmediato en estatuas de piedra.
En una versión del escritor romano Cayo Julio Higinio, Polidectes intentó matar a traición a Perseo, pero este llegó justo a tiempo para mostrar la cabeza de la gorgona y convertirlo en estatua de piedra. Sea como fuere, tras restituir el reino a Dictis, Perseo entregó la cabeza de Medusa a la diosa Atenea, que desde aquel momento la añadió a su escudo (la égida).
A continuación, Perseo abandonó la isla de Sérifos y puso rumbo a Argos en compañía de su madre y de su esposa Andrómeda. Cuando Acrisio, su abuelo, recibió la noticia del regreso de Perseo temió que al final se cumpliese la profecía que le había vaticinado el oráculo y huyó al mítico país de los pelasgos, donde asistió a unos juegos organizados por Teutámides, el rey de Larisa. Pero lo que Acrisio no sabía es que Perseo también había asistido a los juegos como participante.En el transcurso de una de las competiciones, Perseo lanzó un disco con tan mala fortuna que golpeó en la cabeza a Acrisio, que murió a consecuencia del golpe. Abatido por la muerte accidental de su abuelo, Perseo asistió a las exequias y partió hacia Tirinto, donde reinaba su primo Megapentes, ya que el héroe se negó a reinar en Argos tras la muerte de Acrisio. Así pues, los primos intercambiaron reinos: Megapentes reinó en Argos y Perseo en Tirinto
Con el tiempo, Perseo fundó otra ciudad, Micenas, y tuvo cuatro hijos con Andrómeda: Electrión, Alceo, Perses y Esténelo, y una hija, Gorgófone.
Su final, sin embargo, parece ser que no fue demasiado heroico. Según una versión del mito, cuando Perseo ya llevaba varios años gobernando en Micenas fue asesinado por su primo Megapentes, que le acusó del asesinato en el pasado de su padre Preto (al que, al parecer, Perseo habría convertido en piedra con la cabeza de Medusa). Tras su muerte, y con el fin de honrar el coraje y la valentía que Perseo había mostrado a lo largo de su vida, los dioses lo convirtieron en una constelación, así como a su esposa Andrómeda y a los padres de esta, Casiopea y Cefeo.
Muchas han sido las representaciones de Perseo en la historia del arte, Así, el héroe aparece tocado con sombrero, sandalias aladas y el kibisis con la cabeza de Medusa sobre su hombro en una cerámica ática de finales del siglo VII a.C. La cabeza de Medusa (el gorgoneion) se convirtió en un motivo habitual en el arte griego, y se tenía la creencia de que ayudaba a alejar a las fuerzas del mal. Una representación de la gorgona la hallamos también en el frontón del templo de Artemisa en Corfú, mostrando sus atributos típicos: el cabello cuajado de serpientes, los ojos grandes y saltones, la nariz ancha y la lengua fuera.
Asimismo, un ánfora corintia del año 560 a.C. muestra a Perseo atacando a Cetus, que está a punto de devorar a Andrómeda, y a mediados del siglo VI a.C., en una ánfora calcídica, se representa a Perseo recibiendo el casco, las sandalias aladas y el zurrón de manos de los dioses. Las cerámicas áticas suelen representar asimismo a Dánae y a Perseo encerrados en el cofre de madera.
Perseo ha sido a lo largo del tiempo objeto de muchas y muy famosas esculturas, obra de artistas como Benvenuto Cellini o Salvador Dalí. El héroe también es el protagonista de cuadros de pintores como Piero di Cosimo o Edward Burne-Jones.
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