Con Urano derrocado a manos de Cronos y sus hermanos, el hijo tomó el lugar de su padre en el poder.
La Edad Dorada de los Titanes dio inicio
Zeus y sus compañeros del Olimpo no habían vivido siempre entre las nubes de la cima. En tiempos muy remotos los titanes, habían gobernado todo el mundo.
Eran doce —seis hermanos y seis hermanas—, y decían que su padre era el Cielo y su madre era la Tierra. Tenían apariencia de hombres y mujeres, pero eran mucho más grandes y hermosos.
El nombre del más joven de estos titanes era Crono o Saturno, y aun así era tan viejo que a menudo lo llamaban Padre Tiempo. Era el rey de los titanes, por lo que, naturalmente, también era el rey de toda la Tierra.
Los humanos nunca habían sido tan felices como durante el reinado de Crono. Era realmente la edad dorada. Era primavera todo el año. Los bosques y praderas siempre estaban llenos de flores, y el canto de los pájaros se oía todos los días a todas horas. Además, era verano y otoño al mismo tiempo. Las manzanas y los higos y las naranjas siempre colgaban maduras de los árboles, y había uvas moradas en las viñas, y melones y bayas de todo tipo, que la gente no tenía más que coger y comer.
Por supuesto, nadie tenía que hacer ningún tipo de trabajo en aquella época feliz. No había enfermedades, preocupaciones o vejez. Los hombres y las mujeres vivían cientos y cientos de años y nunca envejecían, ni se arrugaban, ni cojeaban, sino que eran siempre guapos y jóvenes. No necesitaban casas, pues no había días fríos ni tormentas ni nada que los asustara.
Nadie era pobre, pues todo el mundo tenía las mismas cosas: la luz del sol, el aire puro, la saludable agua de los arroyos, la hierba por alfombra, el cielo azul por techo, las frutas y las flores de los bosques y prados. Por supuesto, nadie era más rico que otro, y no había dinero, ni cerraduras ni candados, pues todos eran amigos de todos y nadie quería tener más que su vecino.
Cuando esta gente dichosa había vivido suficiente, se dormían, y no se volvía a ver sus cuerpos. Se iban como levitando por el aire, sobre las montañas, a través del mar, hasta una tierra florida en el lejano oeste. Y algunos hombres dicen que, incluso hoy, siguen paseando felizmente de acá para allá sobre la tierra, haciendo que los bebés sonrían en la cuna, aliviando las cargas del agotado y del enfermo y bendiciendo la humanidad por doquier.
Cronos liberó a sus hermanos, hijos de Gea, del Tártaro, a excepción de los Cíclopes y los Hecatonquiros y los Titanes dominaron el mundo.
Pero Urano había predicho que su hijo Cronos, el que lo castró, tendría el mismo final que tuvo él, es decir que sería destronado por su propio hijo y esto hizo que tuviese miedo a sus hijos, de ahí que nada más nacer los devorara.
Los hijos que Rea tuvo con Cronos fueron los dioses del Olimpo: Hera, Deméter, Hestia, Hades, Poseidón y el menor de todos, Zeus.
Pero, conforme iban naciendo, el titán devoraba a sus hijos para evitar ser destronado acabando así con el ciclo del hijo que derrota al padre.
Con el paso del tiempo, y por causa de su miedo, Cronos terminó volviéndose un rey tan terrible como su padre.
Rea no soportaba ver a sus hijos sufriendo un destino tan terrible. Rea, embarazada de sus sexto hijo, pidió ayuda a Gea, su madre. Gea le dio una piedra para entregarla a Cronos y que Cronos la devorara pensando que era su hijo, mientras el verdadero fue llevado a Creta
El bebé se mantuvo oculto en la isla de Creta, este fue criado por la cabra Amaltea, quien lo alimentó con su dulce leche, y los Curetes, divinidades que cantaban, bailaban y hacían bullicio para que Cronos no escuchara el llanto de su hijo. A su vez, Gea cuidó del niño, cuyo nombre de nacimiento, fue Zeus.
La misma Gea quién se aprovechó del odio de su hijo menor hacia su padre para que lo castrara y así poder dar a luz al resto de sus hijos, ayudó a nacer también a sus nietos, los dioses del Olimpo, destinados a dar fin a la era de los Titanes y ordenar el mundo para la era de los Dioses.
Gea, por otro lado, ho había perdonado a Cronos que incumpliese su promesa de liberar a todos sus hijos. Pues Cíclopes y Hecatónquiros habían sido confinados de nuevo en el Tártaro, por esto mostró su inconformidad con el reinado de su hijo Cronos. Algunos Titanes estaban del lado de Gea.
Una de las oceánidas, hijas del Titán Océano y de la Titánide Tetis, llamada Metis; entregó a Cronos una poción. Al ingerirla, el rey de los Titanes vomitó todo aquello que tenía en su estómago… ¡incluyendo a los hermanos de Zeus!
Zeus y sus hermanos, los Dioses, ya adultos, iniciaron una guerra contra Cronos y los Titanes
Los Titanes, o dioses de la Edad Dorada, vivían en el Monte Otris.
Los dioses eligieron el Monte Olimpo para vivir.
Ambos se enfrentaron en combate en una guerra que ¡duró diez largos años!
Cronos encabezaba a los Titanes, acompañado por Ceo, Crío, Hiperión, Jápeto y sus hijos Atlas y Menecio, hijos ambos de Japeto y Clímene, hija esta a su vez del Titán Oceano y de la Titánide Tetis.
Zeus lideraba a los seis olímpicos, y la titánide Hecate se unió a ellos
Zeus fue hasta las profundidades del Tártaro y liberó a sus tíos, los Cíclopes y los Hecatonquiros a quiénes ofreció néctar y ambrosía, todo cultivado en el Monte Olimpo. Guiados por su sed de venganza, aceptaron ayudar en su lucha contra Cronos y los Titanes.
Fue así como los Cíclopes: Brontes, Estéropes y Arges, forjaron para Hades, un casco que le otorgaba invisibilidad, a Poseidón, un tridente que le permitiría concentrar su poder sobre los mares, y a Zeus, se le fue dado el rayo, el trueno y el relámpago. Con este gran poder el rey de los dioses liberaría su cólera sobre los Titanes.
La batalla definitiva dio inicio. Los Titanes armaron sus filas. Se dice que Hades se escabulló entre el enemigo y robó el arma de Cronos, su hoz de dientes afilados, Poseidón lo mantuvo distraído para que de esta forma, Zeus dejara caer un centenar de rayos . Desde el Olimpo el rey de los dioses avanzó, liberando desde sus manos el poder que le fue otorgado, Un último rayo, aquel con el mayor peso, cayó sobre el titán con un destelló tan potente que cegó a Ios Titanes
Entonces los Hecatonquiros aparecieron, sus gigantescas pisadas hacían temblar el suelo desde la tierra hasta el Tártaro. Sostuvieron una piedra en cada una de sus manos, y las hicieron llover sobre los Titanes, trescientos proyectiles que hicieron sucumbir a las fuerzas del Monte Otris.
Así fue como los Dioses vencieron a los Titanes Zeus fue proclamado rey del Olimpo y amo de los cielos, Poseidón tomó los mares y Hades obtuvo el inframundo.
Aquellos que se mantuvieron neutrales en la guerra, como Océano, Tea, Rea, Temis, Mnemósine, Febe y Tetis no fueron castigados por Zeus.
En última instancia Epimeteo, Menecio y Prometeo ayudaron a los olímpicos, por lo que también fueron perdonados.
Para aquellos que pelearon contra el Monte Olimpo, Zeus no tuvo piedad. Los Titanes fueron encerrados en el Tártaro, teniendo a los Hecatonquiros como guardias de las puertas. Atlas tuvo un castigo diferente, la gran guerra sucumbió a Urano y provocó que este se debilitara, el titán debía ahora cargar eternamente sobre sus hombros al Cielo.
Ahora los dioses del Olimpo reinaban sobre todas las cosas.
Comenzaba la era de los Dioses
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