HIJOS DE NYX-LA NOCHE Y EREBO-LA OSCURIDAD

 Nyx (Nix), la diosa primordial de la noche en la mitología griega, tuvo una numerosa descendencia, muchos de ellos personificaciones de fuerzas oscuras, abstractas o eventos de la vida, engendrados solos o con Érebo (la oscuridad). 

La descendencia de Nyx se divide principalmente en dos tipos de concepciones: 

Con Érebo (la oscuridad):

Hemera: Diosa griega primordial del día. Hemera es la equivalente femenino de su hermano gemelo y esposo, Éter, con quien tuvo una sola hija, Talasa, diosa primordial del mar. Su equivalente romana es Dies. 

 Hemera esta estrechamente identificada con Hera, reina del Olimpo, y Eos, diosa de la aurora.

Como la diosa primordial del día, tiene el control absoluto sobre la luz. Se presume que puede crear ilusiones y alucinaciones, crear campos o escudos de luz, crear explosiones de luz para empalar o cegar temporalmente a sus enemigos.

Éter: La personificación de la luz superior o el cielo brillante.

Según Hesíodo, fue hijo de Érebo (la oscuridad) y Nix (la noche), y era hermano y consorte de Hemera (el día), siendo Éter la personificación de la luz o el cielo diurno.

Al menos una fuente, atribuida espuriamente a Hesíodo, nos dice que de Éter y Hemera nació Broto; relacionado por el autor como uno de los autóctonos.​ 

Se conservan fragmentos de obras de Eurípides en los que señala que el Éter es consorte de Gea.

 Para Aristófanes, el Éter fue también el padre, por sí mismo, de las ninfas de las nubes, las néfeles.

También lo identifica como el Aire (Aer), y lo considera hijo de Érebo.

Acusilao dice que de la unión entre Érebo y Nicte nacieron Éter, Eros y Metis, así como una serie de dioses adicionales que no se han conservado sus nombres.

Teócrito cree que Eros nació de la unión entre Nix y Éter.

Alcmán nos habla de Acmón (esto es «cénit»), quien poseía todos los cielos, identificado de manera natural con Éter. Urano es descrito como hijo de Acmón, y que sus hijos reciben los patronímicos de Acmónidas.

Hipnos: El dios del sueño.

Hipnos era el dios griego del sueño, y su equivalente romano se conoce como Somnus. Según la mitología griega, Hypnos era hijo de Nyx (diosa de la noche) y Erebus (dios de la oscuridad). A menudo se representa a Hipnos como un joven con alas en la espalda y portando un tallo de amapola o un cuerno dre líquido inductor del sueño.  Recorre velozmente la tierra y el mar y adormece a los demás seres tocándoles la frente con una ramita de amapola o vertiendo agua del río Leteo que lleva en su cuerno de opio.

Una vez, Hera le pidió a Hipnos que durmiera a Zeus para que ésta pudiese causarle daño a Heracles. Cuando Zeus se enteró de la artimaña, entró en cólera. Maltrataba a los dioses en el palacio, buscando Hipnos, y lo hubiera hecho desaparecer si Nix no lo hubiese salvado; llegó a ella huyendo, y Zeus se contuvo, aunque irritado, porque temió hacer algo que a Nix le desagradara

Durante la guerra de Troya, Zeus estaba ayudando a los troyanos. Hera arma un plan para que su marido deje de hacer eso. Primero urde una excusa para abandonar a Zeus, diciéndole que va a los confines de la fértil tierra, a ver a Océano y a Tetis. En lugar de eso, fue a ver a Afrodita que la enbelleció y le prestó su cinturón para seducir a Zeus y así distraerlo de la batalla.

En Lemnos, Hera se encontró con Hipnos y le dijo que usara su poder para que su marido se durmiera vencido por el amor una vez se haya acostado con ella. Le ofreció a cambio un trono de oro con escabel incluido fabricado por Hefestos. Hipnos se negó, recordándole un episodio pasado en que le fue encomendado por Hera la misma tarea de ahora y Zeus casi acaba con él de no ser por su madre Nix quién lo salvó de la cólera del Dios. Hera entonces le responde "¿Crees que el gran vidente Zeus favorecerá tanto a los troyanos, como en la época en que se irritó protegía a su hijo Heracles?" y para convencerlo mejor, le ofrece a la más joven de las cárites, la que él más desea, en matrimonio. A Hipnos le emocionó la idea y le dijo "Bien, jura por el agua inviolable de la Estigia, tocando con una mano la fértil tierra y con la otra el brillante mar, para que sean testigos los dioses de debajo de la tierra que están con Cronos, que me darás la más joven de las Gracias, Pasítea, de la cual estoy deseoso todos los días." Y ésta así lo hizo.


Una vez de vuelta con Zeus, Hera lo sedujo e hicieron el amor ocultos en una nube dorada en la cima del monte Ida. Después, mientras Zeus dormía, encargó a Poseidón que interviniera en favor de los aqueos. Y así Hera logra que los griegos recuperen la delantera en la guerra de Troya.


Tánatos era la personificación de la muerte

En el pensamiento mitológico, Tánatos eran un joven alado y barbado cuyos atributos generalmente eran una mariposa, una corona y/o una antorcha invertida en sus manos. 

Hijo de la noche Nix, Tánatos regalaba el descanso de la muerte con un suave toque, tal como su hermano de Hipnos, el sueño. 

La muerte violenta era trabajo de sus hermanas las Keres, que sobrevolaban los campos de batalla. Según las leyendas, Tánatos e Hipnos discutían por las noches, o bien por quién se llevaría a cada hombre, o porque que Hipnos anulaba a los mortales con el sueño, imitando levemente el poder de su hermano.

Tánatos actuaba cumpliendo el destino que las Moiras dictaban para cada mortal. En un episodio, Admeto, rey de Feres en Tesalia, obtuvo ayuda de Apolo para convencer a las Moiras de aplazar la muerte de Admeto si lograba encontrar a alguien que muriese voluntariamente en su lugar. Cuando el día llegó, sólo su esposa Alcestis se ofreció a morir por él y Tánatos fue el encargado de llevarla al Inframundo.

 Pero Admeto se arrepintió y le pidió ayuda a Heracles, quien retuvo al dios de la muerte por la fuerza y lo trató de convencer de que esperase a que a la joven le llegase su momento de forma natural.

A pesar de la importancia de su rol, Tánatos no es un gran protagonista en la mitología griega, aunque si ha participado en varias leyendas, quizás por la presencia de Hades, el dios de los muertos, quien sí obtuvo una gran popularidad. Sin embargo, podemos encontrarnos con episodios que involucran tanto a Tánatos como a su hermano, pues ambos eran famosos por ser obedientes, responsables y rápidos en sus trabajos.

Geras personificaba la vejez y que compañero y preludio inevitable de Tánatos, la muerte. Su opuesta, lógicamente, era Hebe, la diosa de la juventud. Su equivalente en la mitología romana era Senectus. Se le representaba como un hombre encogido y arrugado, y posteriormente como una triste mujer apoyada en un báculo y con una copa que mira a un pozo donde hay un reloj de arena, alegoría del poco tiempo que le queda de vida. 

Algunas vasijas del siglo V a. C. muestran una escena de Geras con Heracles. Al perderse el relato que pretendían plasmar se ha interpretado como una alegoría de la victoria del héroe sobre la vejez (Heracles murió joven) en las vasijas en las que se le pintaba manifiestamente superior a Geras e incluso haciéndole de los cabellos; o como un intento del héroe de conocer qué era hacerse viejo (en una vasija en la que ambos aparecen hablando en posición de igualdad).

Los dioses respetaban a Geras, pues querían recibir sus honores y valoraban la experiencia que aportaba la vejez, por eso le permitían morar en el Olimpo. También se le veía como el que ponía punto final a las tiranías y los hechos injustos que Geras hacía que no fueran eternos. Sin embargo, sus lógicos efectos de debilidad y decadencia eran temidos y aborrecidos por todos.

Las Hespérides eran las ninfas que cuidaban un maravilloso jardín en un lejano rincón de occidente.

La tradición mayoritaria situaba dicho jardín cerca de la cordillera del Atlas en el norte de África, al borde del río Océano que circundaba el mundo:


«Hesíodo dice que estas Hespérides, Egle, Eritea y Hesperetusa, hijas de la Noche, tenían manzanas de oro al otro lado del río Océano». Servio, sobre Virgilio, Eneida

Tardíamente se las denomina como ‘ninfas pastorales’ por su relación con las manzanas.

En otras versiones,​ las Hespérides estaban en Tartessos, un lugar situado en el sur de la península ibérica. Apolonio de Rodas, por su parte, situaba el jardín cerca del lago Tritón, en Libia.

En la época romana, el «Jardín de las Hespérides» había perdido su lugar en la religión, reduciéndose a una convención poética, forma en la que fue resucitado en la poesía renacentista, para aludir tanto a un jardín como a las ninfas que moraban allí.

En cuanto a su ascendencia las Hespérides no tienen ni mucho menos una tradición fija. Pueden ser descritas como hijas de Nix (sin unión), de Érebo y Nix, de Atlas y Hésperis, de Atlas , de Héspero, de Zeus y Temis, de Forcis y Ceto o bien de Océano y Gea

Sobre los nombres individuales de cada ninfa, tampoco hay consenso. Unos dicen que se llaman Egle, Eritea y Hesperetusa,​ otros que Egle, Eritía, Hesperia y Aretusa; o bien Héspere, Eriteide y Egle (convertidas, respectivamente, en álamo, olmo y sauce); o Egle, Hesperia y Érica; o incluso Astérope, Crisótemis y Lípara.

 Las diferentes fuentes nos dan diversos nombres individuales para denominar a las ninfas; pero en general se puede apreciar que llevan nombres parlantes, con variantes que se pueden reducir a tres nombres bien diferenciados: Egle («brillo» o «esplendor»), Eritía («tierra roja», y de ahí «occidente») y Héspere («atardecer»). Fuera de las fuentes mitográficas también aparecen tres nombres en una escena de la apoteosis de Heracles/Hércules en una hidria del siglo V de Midias, actualmente en Londres

A veces se las llamaba «doncellas de occidente», «hijas del atardecer» o Eritreas (Erythrai), «diosas del ocaso», todas ellas designaciones aparentemente ligadas a su imaginada situación en el distante oeste. Hésperis es apropiadamente la personificación del atardecer (como Eos es la del amanecer) y la estrella vespertina es Héspero. Además de cuidar del jardín, se decía que obtenían gran placer al cantar. De hecho los poetas las suelen denominan como de «voces cantarinas» o «melodioso canto».

El jardín de las Hespérides es el huerto de Hera en el oeste, donde un único árbol o bien toda una arboleda daba manzanas doradas que proporcionaban la inmortalidad (equivalentes a los melocotones de la inmortalidad en la mitología china).

Los manzanos fueron plantados de las ramas con fruta que Gea había dado a Hera como regalo de su boda con Zeus. A las Hespérides se les encomendó la tarea de cuidar de la arboleda, pero ocasionalmente recolectaban la fruta para sí mismas. Como no confiaba en ellas, Hera también dejó en el jardín un dragón de cien cabezas llamado Ladón, como custodio añadido.


Existe cierta controversia en si el jardín era de manzanos o de naranjos. Algunos idiomas —como danés, finlandés, hebreo y ruso— usan palabras de raíz similar para describir ambas frutas, aunque para los europeos meridionales las naranjas se consideran desconocidas hasta bien entrado los siglos X u XI, según Muwaffaq al-Dīn Abd al-Laṭīf al-Baghdādī.

Después de que Heracles completase sus primeros diez trabajos, Euristeo le asignó dos más afirmando que no contaban ni el de la Hidra (porque le había ayudado Yolao) ni el de los establos de Augías (porque fue pagado por él, o porque los ríos hicieron el trabajo). El primero de estos dos trabajos adicionales fue robar las manzanas del Jardín de las Hespérides.

Sin saber el camino, al azar, el héroe marcha a través de Grecia. En Macedonia encuentra a un bandolero: Cicno, hijo de Ares (Marte), al que mata para librar a los viajeros. Heracles capturó primero al anciano del mar (halios geron), el dios marino que cambiaba de forma, para saber dónde estaba ubicado dicho jardín.

En algunas variantes, Heracles conoce al principio o al final de su trabajo a Anteo, quien era invencible siempre que estuviese en contacto con su madre, Gea, la Tierra. Heracles lo mató sujetándolo en vilo y aplastándolo con un fuerte abrazo. Heródoto afirma que Heracles se detuvo en Egipto, donde el rey Busiris decidió hacer de él su sacrificio anual, pero Heracles rompió sus cadenas.

Llegando finalmente al Jardín de las Hespérides, Heracles engañó a Atlas para que cogiese algunas manzanas de oro, ofreciéndose a sujetar el cielo mientras iba a buscarlas (Atlas podría tomarlas en esta versión porque era el padre de las Hespérides o tenía algún parentesco con ellas). Al volver, Atlas decidió no aceptar los cielos de vuelta, y en su lugar se ofreció a llevar las manzanas a Euristeo él mismo, pero Heracles volvió a engañarlo aceptando quedarse en su lugar a condición de que Atlas sujetase el cielo un momento para ponerse su capa más cómodamente. Atlas accedió, y entonces Heracles tomó las manzanas y se marchó.

Hay otra variante de la historia en la que Heracles era la única persona que robaba las manzanas (además de Perseo), si bien Atenea las devolvía luego a su lugar correcto en el jardín. Eran consideradas por algunas las mismas «manzanas de dicha» que tentaron a Atalanta, frente a la «manzana de la discordia» usada por Eris para provocar un concurso de belleza en el Olimpo (que terminaría dando lugar a la Guerra de Troya).


 Moiras son las tres diosas, hermanas, responsables del destino de los mortales desde que nacen; son las que asignan la duración de sus vidas y el momento de su muerte. La hebra dorada que ellas hilan representa el destino individual de cada uno y cuando el hilo se rompe, esto significa la muerte de la vida de un ser humano.

Se dice que las Moiras eran hijas de Nix (la Noche) o de Zeus con Temis (Ley y Justicia). Había tres Moiras: Cloto (la Hilandera), Láquesis (la que medía o la que asignaba) y Átropos (la Rígida o la Inflexible). El equivalente en la mitología romana son las Parcas.

Como hijas de la Noche, las Moiras gobernaban los destinos tenebrosos de la humanidad. La hebra de hilo dorada representaba la vida de cada persona, así como su destino, y las Moiras la hilaban en su rueca o torno de hilar. Al llegar el término de la vida, las hermanas cortaban el hilo. Cloto hilaba la hebra, Láquesis asignaba la duración del tiempo de vida y Átropos la cortaba cuando era el momento de que alguien muriera. Los mismos dioses no osaban interferir porque eran las Moiras quienes decidían sobre el destino, lo que significa que ni siquiera los dioses eran capaces de salvarles la vida ni a sus hijos mortales ni a sus mortales favoritos.

 Homero mencionó en la Ilíada en el fragmento en que la deidad hilaba la hebra de hilo para Héctor, príncipe de Troya. Aunque las Moiras no aparecen de forma predominante en ningún mito, sí juegan un papel modesto pero crucial en varias historias. Actuaron junto con múltiples dioses, incluyendo a Hermes, quien se dice que asistió a las Moiras en la creación del alfabeto. También estuvieron presentes en el momento del nacimiento de varios dioses y mortales. Las Moiras solo actuaban en los mitos cuando necesitaban intervenir en el destino de alguien.

En su Teogonía, Hesíodo (c. 700 a.e.c.) inscribe a las Moiras como hijas de Nix concebidas sin padre


Meleagro fue un héroe griego, hijo de Eneo, rey de Calidón, y de su esposa Altea, hija de Testio, un rey de Anatolia (en Asia Menor). Cuando Meleagro tenía siete años de edad, las Moiras aparecieron y declararon que moriría cuando el leño ardiente de la chimenea se consumiera. Desesperada, Altea tomó el tizón, [lo apagó] y lo escondió en un cofre, su último recurso para evitar la muerte de su hijo.

Meleagro creció y se hizo un hombre fuerte, pero cometió un error fatal cuando olvidó honrar a Artemisa durante la cosecha anual. Furiosa, Artemisa envió un jabalí enorme y feroz para que causara estragos. Se organizó una caza para matar a la bestia y los hombres más valientes tomaron parte en esta cacería, entre ellos Meleagro. Atalanta, la heroína griega, también participó y ella fue la primera en darle al blanco. Meleagro no solo le dio el golpe de gracia al jabalí sino que también le dio la piel del animal a Atalanta, lo que causó un alboroto entre los hijos de Testio, quienes estaban convencidos de que el premio debería ser otorgado a un hombre. Furioso, Meleagro mató a los hijos de Testio, lo que enojó a su madre, a quien le dolió en demasía la muerte de sus hermanos. En su angustia, Altea sacó el leño del cofre y lo volvió a encender, lo que resultó en la muerte de Meleagro, tal y como fue proclamado por las Moiras.

Admeto, rey de Feras, quería casarse con Alcestis, la hija más bella del rey Pelias de Yolco. Sin embargo, antes tenía que pasar por una prueba que consistía en enyugar un jabalí y un león a un carro; luego debía tomar las riendas y dar vueltas con ellos en una arena de carreras. Así fue como Admeto dispuso de la ayuda de su amigo Apolo, a quien Zeus había designado como caporal.

Victorioso, Admeto cometió una falta tonta al olvidar hacer el sacrificio acostumbrado a Artemisa antes de casarse con Alcestis. Como resultado, la diosa lo castigó llenando su cama nupcial con serpientes. Apolo intervino e hizo un trato con Artemisa: si el día dispuesto para la muerte de Admeto un miembro de su familia moría, este tomaría su lugar y él se libraría del castigo.

El día destinado a la muerte de Admeto llegó cuando Hermes lo convocó al Tártaro (el lugar más profundo del inframundo). Apolo retrasó su muerte embriagando a las Moiras y las persuadió para que dejaran que otra persona muriera en su lugar.

Las Moiras estuvieron presentes cuando Alcmena estaba en las labores del parto de Hércules, junto con Ilitía, la diosa de los nacimientos, y Galantis, una amiga de infancia de Alcmena. Para calmar la ira de Hera, las Moiras e Ilitía estaban haciendo todo lo posible para evitar que Alcmena diera a luz un hijo de Zeus. Galantis, viendo cuánto sufría su amiga por los dolores del parto, les mintió a las diosas y les dijo que un varón había nacido y que sus privilegios divinos habían sido revocados.

Las Moiras se llenaron de pánico y pararon los dolores de Alcmena, lo que permitió que Hércules naciera. Pero, al igual que todas la deidades, a las Moiras no le hizo ninguna gracia ser engañadas y a Galantis le quitaron su identidad como mujer y la transformaron en una comadreja que llevó a cabo actividades sexuales y reproductivas grotescas.

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Según Pausanias las Moiras tenían un altar en la floresta de Euménides situado en Sición (Corinto), donde recibían ofrendas. El historiador griego también mencionó un santuario en Tebas (Grecia) que estaba situado entre los santuarios de Temis y de Zeus Agoraios [«protector de las ágoras y garante de la libertad de expresión»] y seguramente, estaban al aire libre porque Pausanias mencionó que allí estaban erguidas dos estatuas o relieves. Podría haber un templo donde las Moiras, Deméter y Perséfone eran adoradas juntas o en tres templos separados dedicados a cada una de ellas, localizados en la misma zona. Durante el festival anual, se sacrificaban ovejas preñadas, se derramaban libaciones de miel y agua; y se llevaban flores en vez de guirnaldas de mirto en honor de las Moiras y otras diosas.

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Hijos de Nyx por partogénesis (engendrados por sí misma, según Hesíodo):

Moros: El destino, la fatalidad o la perdición.Moro o Moros era la personificación masculina del destino, la suerte y de la condenación inminente.

  En unos casos se habla de Moros como hijo hijo de Nix y Érebo. Otros de Nyx sin intervención de padre. 

Como su madre, Moros era invisible y oscuro. Era uno de los llamados dioses oscuros junto con sus hermanos Tánatos, las Keres, Hipnos y los Oniros.

 Todos los demás dioses, includos los Olímpicos, estaban sometidos a Moros y sus hermanas las Moiras. Sus leyes estaban escritas en un lugar al que los dioses podían acudir a consultarlas. Las grandes tragedias griegas se inspiran en los designios de este dios.

Prometeo salvó a la humanidad de la miseria al quitar la previsión de su propia fatalidad (Moros) y reemplazarla con falsa esperanza (Elpis).

Zeus mata a su primera mujer Metis, ya que Moros, a través de Gea profetizó a Zeus que daría a luz una hija y después un hijo que estaría destinado a gobernar el mundo. Por esto Zeus la devoró cuando estaba embarazada de Atenea, y más tarde él mismo dio a luz a la hija de ambos, Atenea.

La nereida Tetis fue deseada por múltiples dioses, pero el destino dijo que el hijo de esta diosa será más grande que el padre, ante ello los dioses desisten de ser amantes de la ninfa de las aguas y la casan con un mortal (Peleo), de quien nacerá uno de los más grandes héroes griegos, Aquiles.



Ker / Las Queres eran espíritus femeninos de la muerte violenta. Hesíodo las menciona dos veces en la Teogonía. Primero la introduce como Ker, y la menciona con dos de sus hermanos, Moro (el Destino) y Tánato (la Muerte), pues los tres nos hablan de la naturaleza de la muerte. En este contexto parece ser la personificación de la muerte violenta, en tanto que Tánatos es la muerte natural y Moro el destino mortal de cada hombre.

​ Hesíodo vuelve a mencionarla, esta vez en plural, como las Keres y en esta guisa las asocia con otro grupo de hermanas, las Moiras: «(La Noche) Parió igualmente a las Moiras y las Keres, vengadoras implacables; nunca cejan las diosas en su terrible cólera antes de aplicar un amargo castigo a quien comete delitos».

Como era de esperar las Keres eran hijas de la Noche (Nix) sin unión y, como tales, hermanas de Ezis (la Tristeza), Hipnos (el Sueño), Eris (la Discordia), Geras (la Senectud) o Némesis, entre otros muchos hijos.

Eran descritas como seres oscuros, con dientes y garras rechinantes, sedientas de sangre humana. Sobrevolaban el campo de batalla buscando hombres moribundos o heridos.

Oniros son las personificaciones de los «sueños» o «ensueños». Son una tribu alada​ de mil hermanos que dormían plácidamente en una caverna ubicada en el inframundo, al lado del arroyo del agua del Olvido. Ahí florecen fecundas adormideras y otras hierbas que se cosechan durante la noche.

Pausanias menciona haber visto las estatuas de un Oniro e Hipno adormeciendo a un león. Escribe que la imagen se llamaba Epidotes.Algunos autores se refieren al daimon de las pesadillas, cf. Epiales y Efialtes.

Hesíodo dice que «Noche (Nyx) parió al maldito Hado (Moro), a la negra Ker y a la Muerte (Tánato); parió también al Sueño (Hipno) y engendró la muchedumbre de los Ensueños (óniros); los había dado a luz sin acostarse con nadie».​ Eurípides les da otro origen y exclama «¡oh, venerable tierra, madre de los sueños de alas negras!».

Homero habla de ellos en sus dos obras. En la Ilíada el Ensueño (Oniro) es un mensajero del propio Zeus: «Anda, ve, pernicioso Ensueño, encamínate a las veleras naves aqueas, introdúcete en la tienda de Agamenón Atrida, y dile cuidadosamente lo que voy a encargarte». Oniro toma la forma de Néstor para hablarle en sueños.​ En la Odisea, sin embargo ya los cita en plural. Los Ensueños vivían en las oscuras playas del extremo occidental del Océano, en una caverna del Érebo, cera del prado de asfódelos. Los dioses les enviaban sueños a los mortales desde una de las dos puertas allí situadas: los sueños auténticos surgían de una puerta hecha de cuerno, mientras que los sueños falsos se abrían paso desde una puerta hecha de marfil. Esopo cuenta cómo una vez Apolo se jactó ante Zeus de su poder profético y éste tuvo que castigarlo, comandando a la estirpe de Oniro para que cumpliera su función profética durante los sueños. Los himnos órficos también denominan a los oniros como mensajeros del destino futuro.

Higino y Cicerón, poetas latinos, dicen que tanto los Sueños (Somnia) como el Sueño (Somnus) habían nacido de la unión entre la Noche (Nox) y el Erebo.

Ovidio, en cambio, dice que los Ensueños son hijos del Sueño, y además menciona a tres por sus nombres: Morfeo (el principal entre sus hermanos), Fobétor (o Iquelo) y Fantaso:


Momo era la personificación del «sarcasmo, reproche, crítica y la censura». Hesíodo contaba que Momo era un hijo de Nix, la noche, en tanto que Cicerón dice que Querella («queja»), si es que es su versión latina, es hijo de la Noche y el Erebo.Luciano de Samosata recordaba que se burló de Hefesto por haber fabricado a los hombres sin puertas en sus pechos a través de las cuales se pudiera conocer si sus pensamientos y sentimientos eran verdaderos. Incluso se burló de Afrodita, aunque todo lo que pudo hallar fue que era parlanchina y llevaba sandalias chirriantes 

Se lo representaba con una máscara que levantaba para que se le viera la cara, y con un muñeco o un cetro acabado en una cabeza grotesca en la mano, símbolo de la locura.


Esopo incluye a Momo en una de sus Fábulas. Se dice que Zeus, Prometeo y Atenea, que habían modelado, el primero un toro, Prometeo un hombre y la diosa una casa, eligieron a Momo como árbitro. Éste, envidioso de sus creaciones, empezó a decir que Zeus había cometido un fallo al no poner los ojos del toro en los cuernos para que pudiera ver dónde atacaba; a Prometeo le criticó porque no había colgado fuera las mientes del hombre, para que así no pasaran inadvertidos los malos y fuera bien visible lo que cada uno tenía en su cabeza. En tercer lugar, dijo que Atenea debería haber puesto la casa sobre ruedas para que si uno iba a vivir con un malvado por vecinal, pudiera desplazarse fácilmente. Entonces, Zeus, indignado con él por su envidia, le echó del Olimpo.


Oizys o Ezis era la personificación de la miseria, la aflicción y la tristeza, de la   angustia y el sufrimiento. Era uno de los hijos malévolos de Nix.

"Parió la Noche al maldito Moros, a la negra Ker y a Tánato; parió también a Hipnos y engendró la tribu de los Sueños. Luego ademas la diosa, la oscura Noche, dio a luz sin acostarse con nadie a la Burla, al doloroso Lamento y a las Hespérides que, al otro lado del ilustre Océano, cuidan las bellas manzanas de oro y los árboles que producen el fruto. Parió igualmente a las Moiras y las Keres, vengadoras implacables: a Cloto, a Láquesis y Átropo que conceden a los mortales, cuando nacen, la posesión del bien y del mal y persiguen los delitos de hombres y dioses. Nunca cejan las diosas en su terrible cólera antes de aplicar un amargo castigo a quien comete delitos. También alumbró a Némesis, azote para los hombres mortales, la funesta Noche. Después de ella tuvo al Engaño, la Ternura y la funesta Vejez, y engendró a la astuta Eris.

Apate, personificación femenina del «engaño, fraude, añaganza o estratagema. Su contrapartida masculina es, de manera tardía, Dolos, el Engaño.

​ Hesíodo dice que Ápate nació de la Noche sin unión​ pero los poetas latinos la denominan como Fraus, el Fraude, y la imaginan como hija del Érebo y la Noche.

Como es fama en la Antigua Grecia se creía que los cretenses eran por naturaleza mentirosos. El único episodio mitológico en el que interviene Ápate, y de manera tardía, lo vincula de manera natural con estas tierras. La astuta Ápate habitaba en las colinas cercanas a la ciudad de Amniso, pues como era de esperar tenía predilección por los cretenses. Le gustaba especialmente estar cerca de la tumba falsa de Zeus que había allí. Colgando de su cinturón (también cretense) estaban todos los trucos y artimañas que usaba la humanidad, sus perjurios, artificios y embaucamientos. En una ocasión, deseando la diosa Hera vengarse de su marido por su última infidelidad con Sémele, buscó a Ápate hasta que, una vez la tuvo delante, le convenció con halagos y mentiras para que le prestase su cinturón. Le dijo que lo usaría para disuadir a su marido de tener más amantes mortales y traerlo de nuevo al lecho conyugal, como también para propiciar con él la vuelta del desterrado Ares al Olimpo. La convenció con estos argumentos y, recibiendo de ella su cinturón mágico, lo usó para incitar a Sémele para que pidiera a Zeus que se le mostrase en su forma natural. La ingenua mortal así lo hizo, y Zeus, que ya había dado su palabra, se le apareció como una tormenta de rayos que la abrasó al instante. Entristecido por haber dado muerte a su amada, Zeus recogió el hijo que ella todavía albergaba en su vientre y terminó de gestarlo en su muslo. Por eso al que luego sería el dios Dioniso se le llamaba el nacido dos veces. Según Luciano, Ápate tenía un templo en la ciudad del Sueño.

Filotes era la personificación de la amistad, la ternura y la intimidad sexual. Es una deidad que no ha superado la fase de abstracción personificada. Hesíodo la incluye en la Teogonía, como una hija de la Noche sin unión. Higino, un autor latino, dice que Amicitia, la Amistad, nació de la unión entre la Noche y el Érebo.​ Cicerón, otro autor latino, la denomina como Gratia, el Encanto, y de nuevo la considera hija de la Noche y el Érebo

En el griego antiguo, la palabra φιλότης significaba principalmente amistad, amor y afecto, aunque su uso en el sentido de relación sexual no era desconocido.

La Ternura es una de las pocas abstracciones nacidas de la Noche con un significado no negativo y en este sentido es similar a algunos de sus hermanos, como la Sensatez (Epiphron), la Moderación (Continentia), la Alegría (Euphrosyne) o la Piedad (Misericordia). No obstante también cabe la posibilidad de que por Gratia se entienda «Favor» o «Seducción», adaptando el contexto de una cualidad negativa en consonancia con sus otras hermanas citadas en una nómina.

Némesis  es la diosa y personificación divina de un concepto fuertemente moral, entendido como ‘indignación justa’, ‘venganza divina’ o ‘retribución’. Su teónimo deriva del sustantivo νέμειν (némein), esto es, 'dar lo que corresponde', 'repartir, distribuir'.​ También es llamada Ramnusia (Ῥαμνουσία), ‘la diosa de Ramnunte’, por el santuario que tiene en esa ciudad del Ática. Otro epíteto suyo bastante descriptivo es Adrastea (Ἀδράστεια, Adrásteia), es decir, ‘aquella de quien no se puede huir’.

En el lenguaje usual en español y otros idiomas romances, hoy día se usa la palabra «némesis» con el significado de ‘un castigo fatal para restablecer un orden’, o bien de la ‘fuerte enemistad que enfrenta una persona contra un oponente acérrimo’ (coloquialmente un ‘enemigo mortal’).


Némesis no posee una tradición establecida en cuanto a su ascendencia. La Teogonía dice que Nix («Noche») la alumbró, sin unión masculina, para ser un «azote para los mortales».

​ Higino dice que la Noche y el Érebo fueron sus progenitores, en calidad de abstracción personificada. Pausanias dice que los de Esmirna «ahora creen en dos Némesis en lugar de una y dicen que Nix es la madre de ellas, aunque los atenienses dicen que el padre de la diosa que está en Ramnunte es Océano». El bizantino Juan Tzetzes también opina que Némesis en una de las oceánides. Los hay quienes piensan que Zeus fue su padre, sin especificar la consorte, y que la propia Némesis evitó unirse a su propio padre. Baquílides opina que Némesis y Tártaro fueron los padres de los telquines, denominados Acteo, Megalesio, Ormeno y Lico.​ Pero el mito más popular es que Zeus y Némesis fueron los padres de Helena, en una explicación etiológica que asocia a Helena con la guerra de Troya.


Némesis es una deidad antigua,  por lo que no está sometida a los dictámenes de los dioses olímpicos. Castiga sobre todo la desmesura (hybris). En escritores como Heródoto y Píndaro, Némesis es una especie de divinidad fatal, ya que dirige los asuntos humanos de tal manera que restablece las proporciones correctas o el equilibrio dondequiera que haya sido perturbado; mide la felicidad y la infelicidad. El que es bendecido con frecuentes dones de la fortuna será visitado por Némesis, que le concederá pérdidas y sufrimiento, con el fin de que pueda llegar a ser humilde, y sentir que hay límites más allá de los cuales la felicidad humana no puede proceder con seguridad. Esta noción surgió de la creencia de que los dioses envidiaban la excesiva felicidad humana.[ Un claro ejemplo lo encontramos en Creso, que al ser demasiado dichoso fue arrastrado por Némesis a una expedición contra Ciro que provocó su ruina.

También se considera que era la diosa griega que medía la felicidad y la desdicha de los mortales, a quienes solía ocasionar crueles pérdidas cuando habían sido favorecidos en demasía por la Fortuna. De esta idea surgió que era un poder vengativo y castigador del destino, que, como Dike y las Furias, tarde o temprano alcanza al transgresor imprudente. Némesis es uno de los atributos del dios supremo, y era, en unión de Adrastea, el instrumento de la cólera divina

Se la representa con una corona y a veces con un velo que le cubre la cabeza; suele llevar una rama de manzano en una mano y una rueda en la otra. La cabeza de Némesis se ve coronada en los monumentos griegos y algunas veces sale de ella un asta de ciervo para indicar la prontitud con que da a cada uno lo que le corresponde. Los etruscos le ponían una diadema de piedras preciosas. La flor del narciso adornaba también su corona como símbolo de un joven orgulloso enamorado de su propia hermosura. Solían representarla los artistas de la antigüedad con alas para expresar la prontitud con que atendía todas sus funciones y armada de antorchas, espadas y serpientes como instrumentos de su venganza.

El origen del culto a Némesis hay que buscarlo en el temor que sentían los griegos a la cólera divina. Por estar asociada a la reverencia por la ley y el miedo a cometer una acción culpable, es mencionada junto a Aidos


Eris es la diosa y personificación de la «discordia», como a menudo se traduce en los textos en español. Dependiendo del contexto el vocablo «ἔρις» puede ser traducido como «discordia, conflicto, disputa, envidia, celos, rivalidad o contienda».

En cuanto a su ascendencia, Hesíodo alega que Nix (la Noche) dio a luz, sin acostarse con nadie, a la astuta Eris, y que esta fue la última en nacer de entre todos sus hermanos.

Higino, autor latino, y claramente basándose en el anterior, dice que Discordia nació de la unión entre la Noche y el Érebo. Homero la refiere simplemente como hermana de Ares y entonces sería implícitamente hija de Zeus y Hera, pues estos son los padres de Ares en el mismo poema. 

Hesíodo en Los Trabajos y días, habla de dos Eris, una ‘buena’ y otra ‘mala’.

Respecto a una, el hombre podría elogiarla cuando llegase a conocerla, pero la otra es censurable, y son de naturaleza completamente diferente

Pues una fomenta la guerra y batalla malvadas, siendo cruel: ningún hombre la ama; pero por fuerza, debido a la voluntad de los inmortales dioses, los hombres pagan a la severa Discordia su deuda de honor.

Pero la otra es la hermana mayor de la oscura Noche (Nix), y el hijo de Crono que se sienta en alto y mora en el éter, extendidas sus raíces en la tierra: y es mucho más amable con los hombres. Incluso logra que los perezosos trabajen duro; pues un hombre se vuelve ansioso por trabajar cuando tiene en cuenta a su vecino, un rico que se apresura por arar y plantar y poner su casa en orden, y el vecino compite con su vecino en apresurarse tras la riqueza. Esta Discordia es sana para los hombres. Y el alfarero se enfada con el alfarero, y el artesano con el artesano, y el mendigo envidia al mendigo, y el trovador al trovador.

En la Teogonía, Hesíodo nos habla de la prole de Eris, males que azotan al hombre:

Por su parte, Eris (Discordia) parió al doloroso Ponos (Trabajo), a Lete (Olvido) y a Limos (Hambre) y al lloroso Algos (Dolor), también a las Hisminas (Disputas), las Macas (Batallas), las Fonos (Matanzas), las Androctasias (Masacres), los Neikea (Odios), las Pseudologos (Mentiras), las Anfilogías (Ambigüedades), a Disnomia (Desorden) y a Ate (Ruina), todos ellos compañeros inseparables, y a Horcos (Juramento), el que más problemas causa a los hombres de la tierra cada vez que alguno perjura voluntariamente.

En los textos homéricos Eris apenas tiene personalidad individual. Aparece tan solo como un recurso poético: es una compañera de Ares, pues en la poesía épica la guerra y los conflictos son conceptos estrechamente vinculados.

Eris era la escolta de Tifón en el enfrentamiento y la nodriza de uno de los gigantes:

 Juicio de Paris

La leyenda más famosa protagonizada por Eris nos narra el episodio de la «manzana de la discordia» El motivo de Eris y la manzana, no obstante, aparece solo en fuentes tardías. Apolodoro dice que Alejandro raptó a Helena. Unos dicen que por designio de Zeus para que su hija fuese famosa al ocasionar la guerra entre Europa y Asia; otros que para exaltar la raza de los semidioses. Por una de estas razones, Eris arrojó la manzana.

 Higino aclara que cuando Tetis se casó con Peleo, Zeus convocó a todos los dioses a un banquete, excepto a Eris, que por haber llegado más tarde y no ser admitida en el banquete, lanzó una manzana desde la puerta al centro de la sala, y dijo que se la había de llevar la más bella.

En la Cipria se nos dice que Zeus delibera con Temis acerca de la guerra de Troya. Eris, presentándose mientras los dioses se banquetean en las bodas de Peleo, suscita un altercado a propósito de la belleza entre Atenea, Hera y Afrodita, que son conducidas por Hermes, de acuerdo con el mandato de Zeus, a presencia de Alejandro, en el Ida, para someterse a juicio. Alejandro prefiere a Afrodita, enardecido por la promesa de la boda con Helena. En efecto se dice que las tres diosas prometieron dones a Alejandro: Hera, si resultaba preferida a todas, le daría el reino sobre todos los hombres; Atenea, la victoria en la guerra; Afrodita, el matrimonio con Helena.

Luciano es el autor del que proviene el relato ortodoxo de Eris y la manzana. Dice que Tetis y Peleo se habían marchado a la cama acompañados por Anfitrite y Poseidón. Eris, entre tanto, sin que nadie se diera cuenta —pudo hacerlo con facilidad pues unos bebían y otros aplaudían con la atención puesta en Apolo, que tocaba la cítara o en las Musas, que cantaban— lanzó en medio de los asistentes una manzana preciosa, toda ella de oro, sobre cuya piel había escrito «Para la más bella (ἡ καλὴ λαβέτω)»; la manzana luego de dar unas cuantas vueltas fue a parar como aposta adonde estaban reclinadas Hera, Afrodita y Atenea. Y una vez que Hermes cogiéndola del suelo leyó la inscripción, las Nereidas quedaron calladas. Las tres diosas forcejearon entre sí y cada una se consideraba acreedora a la manzana. Y si Zeus no las hubiera separado, puede incluso que hubieran llegado a las manos. Pero él les dijo: «No voy a juzgar yo sobre este punto» —y eso que ellas lo consideraban idóneo para dictaminar—, marchad al Ida, a casa del hijo de Príamo que, como buen amante de la belleza, sabe dictaminar lo más hermoso y no emitiría un mal fallo.



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