HIJOS PARTOGÉNICOS DE GEA: PITÓN

 
Pitón era una serpiente o dragón furioso, sobre cuya historia no están muy conformes los mitólogos. 

Hijo de la Tierra, su  principal mito lo vincula a Apolo. 

En unas versiones, el dragón estaba allí custodiando un antiguo oráculo de Temis, pero se dedicaba a asolar la zona engullendo a las personas y sus ganados. Apolo lo mató a flechazos y por este motivo le dieron el nombre de Apolo Pitio. 

En otra versión, Pitón, como hijo de Gea, tenía el don de la predicción y Apolo tuvo que eliminarlo para establecer su propio oráculo. 

Aún hay una versión más en la que un vaticinio había anunciado a Hera que la serpiente Pitón moriría a manos de un hijo de Leto. 

Cuando Leto quedó embarazada de Zeus, Hera ordenó que no diera a luz en ningún lugar con raíces en la tierra.

 Leto se dirigió al  lugar que una vez había sido el lugar sagrado de su madre pensandoque  el Oráculo le dejaría su santuario, pero por desgracia, la cueva del Oráculo había sido tomada por una serpiente gigante llamada Pitón. 

Pitón había devorado a todos los sacerdotes que había allí, y también a los viajeros que la visitaban cada poco tiempo.

 Cuando Leto llegó la serpiente se abalanzó sobre ella, y Leto huyó. Le pidió al  capitán de una nave que navegara hacia la isla de Delos.  Llegando a la isla empezó a sentir dolores de parto y le pidió  al principal espíritu de la naturaleza de la isla que le permitiera dar a luz allí. La isla retumbó, y una voz se hizo eco en las colinas, contestándole que Hera se enfadaría por aquello. 

 Leto le dijo que no sería así, ya que la maldición especificaba que no podría dar a luz en ninguna tierra con raíces en la tierra, y aquella isla no tenía  raíces en la tierra. Además, le prometió que cuando nacieran sus hijos, ellos le protegerían, y Delos sería el lugar sagrado de estos. Y también le dijo que podría establecerse en un solo lugar, sin tener que ir a la deriva. Delos  aceptó.

Tan pronto como Leto encontró un lugar para acostarse, el mundo entero se estremeció. Todas las diosas, excepto, por supuesto, Hera; fueron con Leto para ayudarla a dar a luz. Leto tuvo dos bebés, un niño llamado Apolo, y una niña llamada Artemisa. 

Nacieron en el séptimo día del séptimo mes, cuando Leto estaba embarazada de siete meses, por lo que su número sagrado era el siete.

 El primer acto de Apolo, fue vengar a su madre por su sufrimiento y el dolor. Persiguió a la la serpiente gigante Pitón y la mató con su arco.

 En otra versión, cuando Hera se enteró de que Leto estaba embarazada de Zeus, prohibió que diera a luz en un lugar donde iluminara el Sol y mandó a Pitón que la persiguiera. 

Poseidón, a petición de Zeus, recogió a Leto, la instaló en la isla Ortigia o Asteria (Delos), que estaba sumergida en el agua, e hizo una bóveda con las olas, para que la muchacha pudiera tener a sus hijos pero el Sol no pudiera llegar allí.

Apolo mató a Pitón e instauró en su honor los juegos Píticos, que se celebraban cada cuatro años. 

Estrabón cree que la serpiente Pitón no era más que un malvado llamado Draco exterminado por Apolo. La opinión más válida es que Apolo mató a flechazos a un bandido que impedía el paso a aquellos que iban a tributar sacrificios al dios, en el templo de Delfos. 

Habiendo quedado sin enterrar, en breve infectó a los habitantes.


La muerte de la serpiente pitón en Delfos, una representación de la Diosa Madre (Gea), a manos de Apolo simboliza un cambio significativo en el panteón y la cultura religiosa de la antigua Grecia.

Este mito, aparentemente violento, encierra una profunda dimensión simbólica, religiosa y espiritual que va mucho más allá de un simple relato de poder. 

Delfos, antes de ser un santuario apolíneo, fue un lugar sagrado de la diosa Gea, donde se manifestaba la divinidad a través de fuerzas telúricas y oraculares. La figura de Pitón, criatura ctónica nacida del vientre de la Tierra, custodiaba ese centro y hablaba a través de su enigmática voz subterránea.

Este evento mitológico tiene varias interpretaciones simbólicas y culturales:

Triunfo del Orden sobre el Caos

Pitón es una criatura ctónica, de la tierra, asociada con el caos, la oscuridad y los aspectos más primitivos y salvajes de la naturaleza. Al matarla, Apolo, un dios de la luz, la razón y la civilización, establece el orden, simbolizando el triunfo de la racionalidad y el control humano sobre la naturaleza descontrolada.

Este acto marca la irrupción de una nueva cosmología: la verticalidad celeste sustituye la horizontalidad terrestre. 

La religión de la luz, de la armonía y el logos se impone sobre las antiguas fuerzas orgánicas, húmedas y proféticas. No se trata simplemente de una sustitución política de cultos, sino de una reconfiguración del eje espiritual del mundo.

Pitón estaba asociada con Gea, la diosa de la Tierra, y con el culto oracular primitivo de Delfos. Al matar a la serpiente, Apolo desplaza el antiguo culto telúrico y se establece como el nuevo dios del oráculo de Delfos, marcando una transición de las antiguas religiones matriarcales y telúricas a una nueva era dominada por dioses olímpicos, patriarcales y celestiales.

Desde la mirada de la Tradición, esta relato mítico representa la integración del caos en el orden, del instinto en la conciencia, de lo telúrico en lo solar. 

Apolo no destruye el oráculo: lo purifica. Se apodera del santuario y establece un nuevo tipo de profecía: no ya el murmullo de la Tierra, sino la palabra clara del dios que revela la verdad desde las alturas.

Cabe recordar que, tras matar a Pitón, Apolo debe expiar su crimen: es en el valle de Tempe donde debe purificarse por orden de Zeus, e instituyó los Juegos Píticos en honor a Pitón. Cabe mencionar que el valle era conocido por la recolección de laureles, considerados sagrados, para las ceremonias en Delfos. A Apolo se le asocia con el laurel.

En el universo tradicional, incluso, un dios debe reconciliarse con el orden tras haber derramado sangre sagrada. Aquí se encuentra una clave espiritual esencial: la lucha entre lo antiguo y lo nuevo no es negación, sino transfiguración.

Apolo representa la única forma de alcanzar verdades espirituales a través de la experiencia directa, vertical, solar hasta llegar a la última morada, la fuente original, la Verdad, la Sabiduría. En otras palabras, es el lugar original de donde procede el hombre que ha de retornar a su origen, a su verdadero Yo, a la profundización interior del cosmos, muy cercano a los ideales que defiende, por ejemplo, el estoicismo


Gea, la diosa Tierra, representa la línea horizontal, una concepción de lo divino más material, física o terrenal. Partimos de una visión más primitiva, es decir, en la creencia de un universo muerto que brota vida, a través del ciclo de la vida y que finaliza reflejándose en la naturaleza.

La muerte de la serpiente pitón también simboliza la supremacía de los dioses olímpicos, liderados por Zeus y su descendencia, sobre las deidades más antiguas y sus cultos. Apolo, como hijo de Zeus, reafirma el dominio de los dioses olímpicos sobre el mundo, estableciendo un nuevo orden divino y cultural.


En los pueblos indoeuropeos, el dios padre desempeñaba un papel central en su religión y cosmología. Esta divinidad estaba asociada a la claridad y a la bóveda celeste, de modo que el término para «dios» a menudo se relacionaba con el «día». Ejemplos de esta deidad incluyen: Júpiter en la mitología latina, Zeus en la mitología griega, Dyauspita en la India


Mircea Eliade, un destacado historiador de las religiones, señaló que en los mitos es común encontrar una correspondencia entre el modelo celeste y su representación terrenal. En este caso, la primacía del dios padre, considerado el padre por excelencia, legitima la estructura patrilineal en la sociedad terrestre


En síntesis, la muerte de la serpiente Pitón por Apolo en Delfos es una narrativa rica en simbolismo, representando un cambio de era, una purificación y la imposición de un nuevo orden religioso y cultural en la antigua Grecia.


Así, conectamos con la línea de Antonio Medrano: la victoria sobre el dragón conlleva la inmortalidad y ello supone la reintegración al centro del ser humano, al punto en el que se establece la comunicación con los estados superiores del Ser (…).


En el contexto histórico nos situamos en las migraciones indoeuropeas, alrededor del 2000 a.C., cuando comenzaron a migrar hacia el sur de Europa, incluyendo Grecia. Estos grupos trajeron consigo nuevas deidades, lenguas y estructuras sociales más patriarcales. Los dioses olímpicos, liderados por Zeus, reflejaban estas influencias indoeuropeas, con un énfasis en el poder, el orden y la jerarquía. Podemos señalar que fue una síntesis gradual entre las tradiciones preindoeuropeas y las nuevas influencias indoeuropeas. Muchas deidades y mitos antiguos fueron incorporados y reinterpretados dentro del nuevo panteón olímpico. Por ejemplo, y tal como hemos señalados, la figura de Apolo mata a la serpiente Pitón, pero el sitio de Delfos, originalmente un lugar de culto de Gea, se convierte en el principal santuario de Apolo. Esta integración muestra una continuidad y adaptación de las creencias anteriores. Igualmente, muchos aspectos de las deidades femeninas y los antiguos cultos de la naturaleza persistieron en la religión griega, aunque bajo nuevas interpretaciones y jerarquías. Artemisa y Deméter, por ejemplo, tenían funciones más específicas, diferenciadas, con sus ámbitos de poder más especializados.

En muchas culturas, el principio femenino fue desplazado a medida que se imponían religiones más estructuradas y jerárquicas. El mundo semita, por ejemplo, marginó figuras como Asherah o Anat. En Grecia, sin embargo, lo femenino no fue suprimido, sino sublimado: la Pitia siguió hablando en Delfos, ahora bajo inspiración apolínea.


Por ello, el mito de Apolo y Pitón encierra una enseñanza perenne: el verdadero héroe no destruye lo anterior, lo asimila. La serpiente no desaparece; su energía es transmutada. Delfos permanece como un lugar oracular, pero su lenguaje cambia: de lo profundo a lo alto, de lo oscuro a lo claro, de la tierra al sol.


En última instancia, la muerte de Pitón no representa simplemente la sustitución de un culto por otro, sino la imagen arquetípica de un nuevo ciclo cósmico. La luz que vence a la sombra, el orden que vence al caos, el principio solar que reorganiza el eje del mundo. Pero esa victoria no anula al vencido: lo integra, lo transforma, y lo asimila en un nuevo equilibrio espiritual. Lo telúrico no desaparece, sino que se sublima.

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